Wednesday, February 14, 2007

Mirando al sur




Recientemente, en una cena, hablábamos de aquí, de nuestra vida, del clima, del hecho de ser extranjeros en estas verdes praderas. Una amiga detestaba vivir aquí. El clima, la gente. Sólo pensaba en volver, volver, ir de vacaciones, pasar en el sur su tiempo. Yo me callé pronto. Dije, simplemente, que a mí me gusta vivir aquí, pero no seguí dando explicaciones.




Y es que en el sur yo no tengo nada que echar de menos. Todos aquellos que quieren volver es porque tienen algo mejor , o recuerdan algo mejor. Yo no. Muchos de ellos, incluso, -conozco bastantes- se pasan la vida quejándose de la vida aquí, del clima, la gente, y se les pasa el tiempo idealizando un país de origen que no es tal y como lo sueñan. Algunos, tras muchos años y muchos viajes, reconocen que no se vive tan mal aquí, que la quietud, la tranquilidad, también tiene su ventajas.




Quejarse es un lujo. Yo sé que me toca vivir aquí y así lo asumo. Ésto o Finlandia. Me quedo aquí, gracias. Y ésto, sin ser una maravilla, tiene sus cosas buenas, su disfrute pausado entre chirimiris, brumas, setas en el asfalto, clorofila en estado puro, mucho art decó, y más art decó y más art decó.




Los belgas, blanco de todas las iras ibéricas, son como todos. Gente. Ni buena ni mala así al por mayor. Gente con intereses, gente que sobrevive, gente más lenta que nosotros, pero muy espabilada para lo suyo. Yo sólo veo a los que sonrien, a los amables, a aquellos que te dicen eso de "bonne continuation" y se deshacen en fórmulas de cortesía de francés de provincias. Pocos han sido desagradables conmigo. Algunos, sí, y quedaron en el olvido.




Yo no deseo amargarme la vida. Me interesa ser feliz ya que no confío en que en la próxima reencarnación mi karma me dé para algo más que chinche. Recuerdo, hace cuatro años, en París, a un camarero laosiano, muy simpático, que nos habló de la reencarnación y de su confianza en que si era muy trabajador y aceptaba su destino de sacrificio y trabajo duro en la próxima reencarnación sería rico. Ante su asombro, le dije que yo no me quería rencarnar en nada, que con una vida me era más que suficiente y no necesitaba más. No lo entendió.




Pero yo lo veo así. Mi deseo es estar bien, ser razonablemente dichosa, reirme, ver las cosas bellas y disfrutarlas con sensualidad milimétrica y una sonrisa traviesa, querer, afectos, mi tiempo, mis besos y abrazos. Y el clima y eso, sí, ah, pues bueno. A veces se hace pesado. Ya, como el calor agobiante en agosto por allá abajo. También se hace pesado. La gente. Sí, bueno, claro, ahí esta. Siempre hay gente. En el sur también.




Una vida así. Estoy aquí, me va bien, tengo para comer y algunos lujos, afectos y cariños, chocolate y un cansancio que no puedo achacar al clima ni a la gente sino a mi situación personal de madre estresada. Y mi calle nevada. Tiene su encanto. Y la Avenue Molière. Bella, bella hasta rabiar. Y la Grand Place imponente. Y los gofres al chocolate caliente que hacen en un café que hay en la Galeriíe de la Reine. Y Tervuren. ¿He hablado ya de Tervuren y lo feliz que he sido yo paseando por esos bosques?
Y el sur, sí, claro. Me gusta tambiér ir y disfrutarlo. ¿Cómo no? Pero mi vida está aquí y va bien. No tengo quejas, o al menos, no las suficientes. Quizás es que no quiero tener quejas, es posible.

Foto. Mi calle nevada.




Monday, February 5, 2007

Iconos


Durante meses estará de moda. Se hablará de ella en todos lados, se contarán sus supuestas verdades más íntimas hasta el mareo e incluso se seguirá la moda Edie Sedgwick con corte de pelo igual, vestuario, poses. Un icono. Otro icono más de joven drogadicta que no se aguanta y o bien se suicida porque no puede más, o bien se pasa con la dosis un día que intenta olvidarse por un rato de quién es.
Son iconos de éxito, porque son guapos, famosos, con dinero y con ese punto de desgracia negra que tanto morbo da y excita nuestra imaginación con leyendas románticas. Si, además, hay historias escabrosillas de sexo lésbico, pentasexual o con extraterrestres, mejor, es un plus. Y son iconos mucho más potentes que los iconos clásicos triunfadores estilo "sueño americano" como podría ser el inflado Swarzenneger, que pretende vender una vida perfecta y todopoderosa. Sí, puede más un drogata muerto malamente como Kurt Cobain que Schwarzenneger. Tiene ese punto de abismo que gusta tanto, esa desgracia que gusta tanto.
Y creo que es porque a esos iconos se los odia tanto como se los ama. Y que, a pesar de su éxito, su estilo, su genialidad o belleza, sean unos auténticos desgraciados nos reconcilia con ellos. Se equilibra la balanza de tal modo que puede el amor porque se ven frágiles, tan delicados, tan dignos de compasión que su éxito parece mucho más digerible e incluso es deseable como contraposición a tantas desgracias como les ocurren.
Y la pose. Ésas poses. Queda la pose a imitar. Bellas fotos, imágenes de lo que fueron en algún momento y que su fotogenia permitió que fuera captada. Eran así, claro, a veces, cuando no estaban vomitando o cuando no se pinchaban. tenían sus momentos bellos, y de talento, y de risa incluso. Seguro que hasta Cobain se reía alguna vez.
El problema es que se imita la pose, pero no sólo la pose - que puede estar muy bien para ligar eso de ir de interesante, moderno y tal - sino el abismo. Se valora el abismo tanto como la pose, quizás, en un intento de ser profundo y quedar para la posteridad por la profundidad de los sentimientos propios -que suelen ser tan profundos como los sentimientos de cualquier persona, ya que todo Cristo tiene sentimientos y hasta Rossini lloró una vez que se le cayó un pavo trufado al gua cuando lo paseaban en una góndola-. Y los abismos... Mejor no convertirlos en iconos. Por eso, aunque no he visto Factory Girl ni creo que pueda ir a verla dada mi imposibilidad de ir al cine, desconfío. No me gusta que se lancen los iconos abismales como modas. Hay personas, que, por diversas causas -adolescencia, depresión, búsqueda de identidad, búsqueda de éxito y reconocimiento-, adoptan esos abismos ajenos -con esas poses tan in- como propios.